Desde 2003, el listado de víctimas de violencia de género asesinadas por sus parejas o ex parejas ha alcanzado la cifra de 5045 según datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Un número que sigue aumentando mes tras mes a pesar de la atención policial, los dispositivos electrónicos de seguimiento y otras medidas de protección. Marta, Rosa o Isabel son sólo 3 de esos nombres que han acabado formando parte de la estadística. Y todas compartían una peculiaridad: el hecho de que ninguna de ellas había denunciado a su agresor y no son las únicas: en lo que llevamos de año de las 53 víctimas mortales de la violencia de género, solo 14 habían denunciado previamente a sus asesinos y una incluso había retirado la denuncia.
El miedo o la vergüenza son dos de las causas que los especialistas apuntan, pero también mencionan otra que consideran fundamental: la dificultad para reconocer que se está frente a una situación de maltrato, que generalmente no empieza con una agresión física sino con pequeñas humillaciones o amenazas sutiles que van aumentando. “La violencia más grave siempre es continuación de comportamientos violentos que empiezan con el aislamiento, humillación y un ataque a la autoestima de la mujer” lo esencial es anticiparse a esta violencia, “Que las mujeres sepan identificar los primeros síntomas y actúen”.
Estos síntomas son comentarios que minan la autoestima, el aislamiento del círculo de amigos e incluso de la propia familia y también pequeñas amenazas que, en un primer momento pueden pasar desapercibidas si se acaban normalizando o justificando.
ANTES DEL GOLPE
Por esta razón las mujeres han de estar alerta ante estas sutiles señales, una mujer madura a la que su marido le pide que no quede con esa amiga “metomentodo que te llena la cabeza de pájaros”, una madre de familia a la que su pareja advierte que a él nadie lo deja tirado. Normalmente estas situaciones empiezan con actitudes y conductas apenas perceptibles contra las que hay que actuar rápido porque no hacerlo o hacerlo en otro momento siempre tendrá peores consecuencias.
Nuestro objetivo es seguir sumando números, pero no de fallecidas, sino a esos otros casos que hablan de protección. Todo para que algún día las más de 700 mujeres que actualmente cuentan con dispositivos electrónicos en el ámbito de violencia de género no tengan necesidad de ser atendidas. Por una razón: que el agresor se sienta acorralado en una sociedad que no tolera la violencia.
Ainhoa Agustín